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viernes, 4 de julio de 2014

"El mundo de ayer", de Stefan Zweig

    Este verano estamos conmemorando el centenario de la Primera Guerra Mundial, el conflicto con el que se abrió la caja de Pandora en Europa y el ser humano arrinconó el ideal clásico de libertad hasta hoy. A cuenta de la conmemoración, habrás oído hablar de las diferencias entre aquella época y la actual y hasta seguro que has visto algún documental, en el que no era difícil fantasear con la imagen de un bisabuelo o un tatarabuelo tuyo por allí.  Si aquella gente hubiera conocido la capacidad de destrucción y exterminio que hemos sido capaces de desplegar después, habría enloquecido.
     De modo que muy pocos pensadores fueron conscientes de la brutalidad y el horror que se nos venía encima. Solo algunos, como Stefan Zweig, se sintieron obligados a dar testimonio de una civilización centroeuropea que sentían perdida desde la guerra anterior. Como buen judío vienés, conocía muy bien la riqueza espiritual de entonces y nos habló de ella con una admiración y un entusiasmo encomiables. Incluso si no eres muy amigo de nostalgias, este libro de memorias te va a gustar. Parece que te estuviera hablando a ti. Así que figúrate también cómo lo hace a tu padre, a tu abuelo,...
Miguel Martínez Renobales

sábado, 28 de julio de 2012

"La conquista de la felicidad", de Bertrand Russell


Este libro es de los años 30 del siglo pasado, es decir, anterior a la Segunda Guerra Mundial, la televisión o la liberación de la mujer (por poner tres ejemplos de acontecimientos que cambiaron la mentalidad occidental). Está escrito por un aristócrata británico, político, uno de los sabios más destacados en la historia de Occidente: Premio Nobel de Literatura en 1950; figura principal en disciplinas como Matemáticas, Lógica, Filosofía de la Ciencia, Teoría del Conocimiento, Ciencias Políticas, Sociología, Ética, Religión, Pedagogía; personaje público encarcelado por actividades pacifistas; fundador del Tribunal Russell para sancionar los excesos del imperialismo en el mundo;  adalid del humanismo laico,… Un hombre excepcional, en pocas palabras, muy comprometido consigo mismo y con su tiempo.
La lectura de este breve tratado, además de proporcionarte una buena visión de la mentalidad anglosajona de la época (que es la que parece mantener su primacía en la actualidad), te servirá sobre todo para comprobar cómo, por más cambios que se sucedan en el mundo, hay ideas que continúan ejerciendo su influencia a pesar de quienes las consideraron elitistas entonces o ingenuas y trasnochadas ahora. 
Ya en el preámbulo avisa el autor de que, lejos de filosofías o erudiciones profundas, lo que pretende es ofrecer recetas, confirmadas por su propia experiencia y observación, para que las personas  “que son desdichadas puedan llegar a ser felices si hacen un esfuerzo bien dirigido”. Toda una declaración de intenciones, en la línea de los libros de autoayuda más tópicos, solo que en este caso con mucho  fundamento y, como comprobarás si lo lees, con gran capacidad de persuasión.
Encontrarás afirmaciones como esta: “en la adolescencia odiaba la vida y estaba continuamente al borde del suicidio, aunque me salvó el deseo de aprender más matemáticas. Ahora disfruto de la vida; casi podría decir que cada año que pasa la disfruto más. En parte se debe a que he descubierto cuáles eran las cosas que más deseaba y, poco a poco, he ido adquiriendo  muchas de esas cosas. En parte se debe a que he logrado prescindir de ciertos objetos de deseo (como la adquisición de conocimientos indudables sobre esto o lo otro), que son absolutamente inalcanzables. Pero principalmente se debe a que me preocupo menos por mí mismo”.
U otras de la misma actualidad, como las siguientes: “los estados de ánimo no se pueden cambiar con argumentos”, “la mera ausencia de esfuerzo le quita a la vida un ingrediente imprescindible de la felicidad”, “cuando la gente habla de lucha por la vida, en realidad quiere decir lucha por el éxito”,  “lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad”, “la visión de la vida como contienda en la que solo el vencedor merece respeto conduce a un cultivo exagerado de la voluntad a expensas de los sentidos  y el intelecto”, “ahora nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo a aburrirnos”,  “no hay por qué temer que, por volverse racional, uno vaya a quitarle sabor a la vida”, “la inmensa mayoría de las acciones humanas, incluyendo las de las personas más nobles, tienen motivos egoístas y no hay que lamentarse de ello”, “hay que convencerse de que los demás pierden mucho menos tiempo  pensando en nosotros que el que perdemos nosotros”, “la adolescencia es una época de gran infelicidad para casi todos los chicos y chicas con talentos excepcionales”, “uno debe respetar la opinión pública lo justo”, …
Y otras muchas más en esta línea, bien desarrolladas, con buenos ejemplos e interesantes citas literarias. Además, tardas poco en leerlo. Después de este, seguro que ya no picas leyendo perogrulladas en cualquier libro de autoayuda. 
Miguel Martínez Renobales

"El arte de amargarse la vida", de Paul Watzlawick


                Aunque este título tenga casi cincuenta años, viene bien en estos tiempos de crisis para no perder la calma ni el sentido del humor.  Se trata de un pequeño libro de autoayuda, solo que al revés, es decir, que en vez de censurar errores y aconsejar cambios de comportamiento para salir del bache, lo que propone es lo contrario, que nos empecinemos en la actitud equivocada para que acabemos estropeándolo todo de una vez.  Con total ironía, se mueve solamente en el terreno personal y se dirige a los ya iniciados en la vida amargada, para que pasen de meros aficionados a auténticos profesionales. Como él dice, “cualquiera puede llevar una vida amargada, pero amargársela a propósito es un arte que se aprende, no basta con tener algún par de contratiempos  en tu vida personal”, ¡qué va!, hace falta ejercitarse a fondo para conseguirlo.
                Después de decenas de años de experiencia clínica en EEUU, analizando los mecanismos más eficaces de sus pacientes para amargarse la vida, decidió ofrecer al lector una buena guía para poder desarrollar con estilo una vida de auténtico amargado. El resultado fue este delicioso manualito, imprescindible para aprender a reírse uno de sí mismo.  Es lo que tiene la ironía, que no te dice por dónde debes ir sino por dónde no debes continuar, que es como de verdad se aprende a caminar.
                Hay citas literarias de no poco valor (pues también en esto el autor sabe de qué habla), pero sobre todo análisis de fundamentos como el de que “no hay más que una sola opinión correcta: la propia. Una vez se ha llegado a esta convicción, se tiene que comprobar muy pronto que el mundo va de mal en peor”. De ahí deriva necesariamente a que “el aspirante más dotado no tendrá seguramente mayor dificultad en ver su juventud como una edad de oro perdida para siempre”. También ideas inamovibles como “uno carga hoy con la culpa y debiera haberlo sabido mejor entonces, así que ahora ya es demasiado tarde”, o “no hay más que una sola, posible, permitida, razonable y lógica solución del problema y, si los esfuerzos no consiguen el éxito, ello solo indica que uno no se ha esforzado bastante”,… En fin, una joya para crear problemas donde no los hay o para evitarlos con el fin de que perduren. Lo que decíamos al principio: lo mejor para tiempos de crisis.
Miguel Martínez Renobales

sábado, 20 de agosto de 2011

"El arte de tener razón", de Arthur Schopenhauer

Este librito de dialéctica fue escrito hacia 1830 por un filósofo alemán, famoso por su conocimiento de la condición humana. Apartándose de idealismos como el de confiar en que baste el intercambio de opiniones para encontrar la verdad, se centra más bien en lo que hacemos cuando pretendemos que nuestro juicio prevalezca en las discusiones. Todos creemos tener la razón de nuestra parte al construir una opinión, pero también comprobamos cómo nos acechan las dudas en cuanto la ponemos en juego. De cómo nos defendamos en el diálogo de las que él llama "estratagemas de mala fe" dependerá nuestra satisfacción al final de la partida.
Actualmente, cuando tantas y tan dispares opiniones se cruzan sobre todos los temas, merece la pena bucear en estas 38 estrategias para que no te den gato por liebre. Son más viejas que la tos, pero merecen la pena precisamente por la vigencia que mantienen gracias a él, entre otros. Con que identifiques unas cuantas, ya verás cómo se te van aclarando muchas cosas.
Miguel Martínez Renobales

viernes, 20 de mayo de 2011

"El Banquete", de Platón


La obra del Banquete abarca en pocas páginas siete puntos de vista acerca del Eros. Platón maneja hábilmente un estilo en el que a través del diálogo de los personajes construye varios ensayos de carácter filosófico, entre los que encontramos el amor como herramienta para llegar a la virtud, un elogio a la belleza y temas universales tan controvertidos como la homosexualidad y la pederastia.
Después de la lectura del Banquete, se puede llegar a la conclusión de que no existe una sóla forma de amor, sino que cada persona tiene un concepto propio basado en sus experiencias o creencias. Aunque este concepto pueda llegar a generalizarse recogiendo las características comunes. Debido a esto en la obra se recogen distintas opiniones acerca de lo que cada uno de los comensales considera que es el amor.
En mi opinión es un libro fácil de leer, que capta la atención del lector al tratar un tema que siempre estará de actualidad, como es el amor. Hay fragmentos o intervenciones que se hacen más pesadas, pues los personajes tienen menos don de palabra o le dan más vueltas al mismo tema para llegar a la misma conclusión que al principio habían planteado, en cambio hay otras, como la de Agatón, que ha sido mi favorita, o la de Aristófanes que resultan muy entretenidas y que además están escritas de una forma delicada y poética o cómica.
Ángela Miranda 1º Bachillerato Humanas