miércoles, 8 de febrero de 2012

"Memorias de una joven católica", de Mary McCarthy

            Hay algo en las memorias de esta chica que resulta especialmente atractivo y es la voluntad irrenunciable de ser sincera consigo misma. Nada más empezar nos previene contra la tentación que vamos a sentir de creer que la mayoría de las anécdotas que nos va a contar son ficticias o han sido “cocinadas”. Ella sabe, como buena escritora que es, que la memoria juega malas pasadas a los recuerdos, especialmente si son escritos. Por eso, al final de cada capítulo, para no dejarse llevar por su inventiva como novelista, levanta acta de lo que para ella es absolutamente cierto, así como también de lo que puede resultar más dudoso, pues lo ha comprobado con versiones diferentes de otros protagonistas ¿Lo hace de este modo porque la pérdida de fe de una muchacha católica es un tema muy serio como para relajarse con “ficciones”? Es muy posible, pero más allá del problema del impacto que pudo causar a mediados del siglo pasado, este libro tiene toda la pinta de ser buena literatura por “añadir lectores nuevos a la cadena, y no repeticiones” como hacen los buenos libros, según Félix de Azúa.
            Todo gira en torno a la religiosidad de quienes la rodean en casa y en el colegio, especialmente los católicos. Habla de sus experiencias en el norte y noroeste de EEUU, durante el periodo que comprende las dos guerras mundiales, pero algunas de ellas pueden parecerse bastante a las de otras mujeres, lejos de aquel país o de otra época. Ella dice que uno de los mayores obstáculos con los que tropezó para recordar fue el hecho de haberse quedado huérfana a temprana edad y haber sido educada por dos pares de abuelos alejados de la vida familiar, lo que supuso no contar con la información de los auténticos relatores de nuestra infancia y adolescencia: los padres. Menos mal que fue ayudada por otros miembros de la familia, especialmente por uno de sus hermanos, aficionado como ella a las raíces y arqueologías familiares.
            Aunque se retrata a sí misma como engreída y jactanciosa, es muy crítica con los católicos precisamente por lo mismo, por la suficiencia con que menosprecian a los desafortunados que no creen en la única religión verdadera, que es la suya. Toda la belleza de la imaginería católica, el orden y la distinción de muchos de sus militantes le fascinan y está agradecida a la educación que ha recibido, pero llega un momento en que esa niña tan ansiosa por saber no puede aceptar, por más que lo intenta, la conciencia de privilegio con que se desenvuelven, su falsa magnanimidad,  la competitividad que imprimen a todo lo que se relacione con la educación. Han pasado más de cincuenta años desde que lo publicó y en junio se cumplirá el centenario del nacimiento de su autora. Puede ser un buen momento para comparaciones. Con el afán que pone ella en  que “todo quede explicado”, el interés está garantizado hasta el final.
Miguel Martínez Renobales

jueves, 2 de febrero de 2012

"El factor humano", de John Carlin

            Este es un libro extraordinario sobre la reconciliación y el perdón. Lo protagoniza un héroe de carne y hueso, Nelson Mandela, en Sudáfrica, un país con más de cincuenta millones de habitantes, de los cuales el 90 % ha sido segregado por el otro 10 % durante los más de cincuenta años de racismo del apartheid. En 1990, cuando sale liberado de la cárcel, se constituye en el líder indiscutible de la llamada revolución negociada que va a salvar al país de una inminente guerra civil. La historia de cómo consigue ganarse incluso a sus mayores enemigos entre 1985 y 1995 nos la cuentan aquí. Siempre aparecen personas reales, que nos hablan directamente de sus convicciones y esperanzas, en un entorno racista donde el apaciguamiento se alcanza al final gracias a la capacidad de liderazgo de este hombre.  
            El autor, John Carlin, corresponsal en Sudáfrica por aquellos años, es además un reputado analista de fútbol y rugby y, como buen británico, gran conocedor de los valores del deporte de equipo, en los que la figura del capitán resulta determinante. Aunando ambos mundos construye esta narración después de que el 24 de junio de 1995, en el estadio de rugby Ellis Park (Johannesburgo), se quedara totalmente fascinado por el milagroso ambiente de euforia y hermanamiento que había conseguido Nelson Mandela en aquella final del Campeonato del Mundo entre los AllBlacks (Nueva Zerlanda) y los Springboks (Sudáfrica).
            El poder del deporte para transformar el mundo y la importancia de valores tradicionales como la lealtad con el equipo y la capacidad de superación personal quedan admirablemente reflejados en esta historia de generosidad y redención, publicada hace solamente tres años y reconocida pronto como un clásico del periodismo. Dicen que alguno de los futbolistas de nuestra selección  la leyó cuando ganamos allí el Campeonato del Mundo de 2010. No sería raro. Hay una película de Clint Eastwood (“Invictus”) que sigue fielmente los acontecimientos, pero se queda algo lejos de la épica del libro. Si te gusta el deporte o estás interesado por el factor humano que anida tras los grandes acontecimientos históricos, lee esta crónica de John Carlin. Aprenderás a mirar la política con otros ojos.
Miguel Martínez Renobales

sábado, 31 de diciembre de 2011

"Drácula", de Bram Stoker

     Ahora que dicen que los vampiros están de capa caída y que lo que se lleva son los zombis,  te animamos a que leas una de las novelas de terror más famosas de la literatura. Te lo decimos un poco por llevar la contraria a las modas y, sobre todo, porque es imprescindible conocer la narración original del conde Drácula  para apreciar cualquier historia de espectros chupasangres. Hay mucha gente que no se arrima a ella, porque cree que le basta con haberla visto en el cine, en alguna de las múltiples versiones que no dejan de aparecer, pero se equivoca. Esa no es la mejor manera  de saber de vampiros. Si no has leído esta novela, que, como dice Pérez Reverte, no cuenta con lector que no hable de ella “con entusiasmo”, no sabes una palabra.
     Es  una historia de héroes al viejo estilo. Todo va sucediendo con el maravilloso orden de las narraciones antiguas gracias a las decisiones ingenuas de los protagonistas,  que desconocen lo que se les avecina. Solo Van Helsing, el omnipresente, alimenta sospechas fundadas, pero la incertidumbre se mantiene hasta bien avanzada la novela. Durante gran parte de ella, los personajes deben elegir trayectorias desconocidas que les llevarán a la superación, a diferencia de lo que nos sucede a nosotros, que  en la vida real no andamos sobrados precisamente de acierto ni de puntería en esto.
     Quizá pierdan alguna vida en el camino por haberse retrasado en conjurar la gravedad del peligro, pero es lo que les suele pasar a los héroes cuando se enfrentan a lo desconocido, es el precio que tienen que pagar por su ignorancia en la búsqueda de la verdad.  Y también por lo mismo, quizá pueda parecernos que se demoran excesivamente  en sus movimientos al enfrentarse al extraño conde por primera vez en su vida. A veces  nos gustaría aguijonearlos,  avisarles del peligro  para que aviven el paso o tomen otra dirección, pero no se trata de eso cuando leemos grandes historias clásicas. Ya sabemos que va a ganar el bueno. Es preferible dejarse llevar por la intriga y contemplar, por ejemplo, cómo monta el autor la secuencia de acontecimientos para disfrutar más tiempo del placer de la lectura.  
     Hay variedad de textos (relatos, cartas, diarios personales, noticias, grabaciones,…), múltiples aventuras de gran interés, incluso algunas de ellas con cierto regusto erótico. El movimiento de narradores, personajes,  lugares y tiempos es constante en esta historia de miedo y sensualidad, que acabará generando otras muchas (y muy populares) en la historia de la literatura y el cine.  Apúntate a pasarlo bien con los orígenes de todo. Es la mejor forma de “estar en el ajo”.
Miguel Martínez Renobales

jueves, 22 de diciembre de 2011

"Semáforo", de Gabriela Berrón, 2º de E.S.O.

Como muestra de trabajos realizados en clase, dentro de nuestra sección "Relatos de alumnos", incluimos esta descripción realizada "al modo de...", de la alumna Gabriela Berrón, de 2º A. El ejercicio consistía en redactar un texto partiendo de la columna de Manuel Vicent, del mismo título, publicada en el periódico El País, el 7 de enero de 1986 ("Semáforo", de Manuel Vicent). La consigna obligaba a reproducir frases del texto original (las primeras y la última) y redactar uno propio.

        Esa chica morena que espera ahí enfrente, en el semáforo ¿quién será?, ¿de dónde vendrá?,  ¿a dónde irá con ese bolso tan pequeño? Parece que a una fiesta. Lo deduzco por ese vestido negro, pegado al cuerpo, elegante pero a la vez juvenil. De repente la chica se gira, por lo que puedo mirarle a los ojos. Unos ojos azules y perfectamente maquillados, que hacen contraste con su cabello y su piel morena. No le echo más de diecisiete años. Quizá se llame Paula o Marta o Andrea, o quizá no sea española, no lo sé bien. Quizá si nos hubiésemos conocido de pequeñas ahora seríamos amigas, habríamos compartido risas y secretos, nos habríamos enfadado miles de veces…  Si esto hubiese sido así, ahora mismo estaría a su lado, yendo con ella a la fiesta.
       De repente le suena el móvil, camina de un lado a otro. Mientras ella habla, yo pienso en lo mucho que da de sí un semáforo.
       Finalmente pasa el último coche y el semáforo se abre. Por el paso de peatones la chica de la fiesta y dueña de un par de hermosos ojos azules avanza hacia mí y yo voy hacia ella. Las dos al cruzarnos nos miramos, me encantaría saber qué pasa por su cabeza, ella no me conoce, habrá pensado que voy a un instituto normal,, habrá pensado que me llamo Raquel o tal vez Nuria. Que soy como cualquier chica adolescente. Bajamos la mirada y al llegar cada una a la acera contraria nos hemos olvidado ya para siempre.  En la ciudad se oyen sirenas de ambulancia.

viernes, 21 de octubre de 2011

"El baile", de Irène Némirovsky

Hay una hija sojuzgada en este relato, que resulta muy interesante para todas aquellas lectoras que hayan sentido la tentación de actuar como Cenicientas perversas alguna vez en su vida.  La verdad es que no hay príncipe azul, pero no hace falta. Sólo una madre como la señora Kampf basta para desatar en Antoinette unos insuperables deseos de venganza por todo lo que le ha sido negado a sus catorce años. No es más que una ficción muy breve (de las buenas, por cierto), que escandalizó al público bienpensante de la Francia de los años 30, pero que seguramente divirtió a más de una adolescente encantada de seguirle el  juego a la autora. Puedes probar tú a ver si el gancho funciona. Habla de la falta de entendimiento entre madre e hija y es buena literatura. ¡Qué más se puede pedir de autoayuda!
Miguel Martínez Renobales

martes, 4 de octubre de 2011

"El juego de Caín", de César Mallorquí


El juego de Caín es una novela policíaca de César Mallorquí. La protagonista de la novela es Carmen Hidalgo, propietaria de la agencia de detectives Investigaciones Hidalgo, a la que un día contrata el constructor Ignacio Vázquez de Olmedo, a la sazón presidente del club de fútbol Deportivo de Chamartín, para que investigue a Rubén Mochedano, la estrella del equipo, ya que últimamente su rendimiento deportivo está siendo decepcionante. Este es el planteamiento.
Si tenemos en cuenta que la protagonista no entiende nada de fútbol, solo de zapatos, hemos de pensar que el tema es, cuando menos, sugestivo. Y si le añadimos que es de esos libros que crea adicción a leerlo, pues en todo momento estás deseando saber qué es lo que va a pasar, y a esto le añadimos que el ritmo es, por momentos, trepidante y, por último, que está muy bien escrita con una solución coherente, que en algún momento se deja entrever, tenemos una novela que, si se puede, se debe leer.
De César Mallorquí también recomiendo leer El coleccionista de sellos y La catedral.
Alfonso de Juan Rodríguez. Departamento de Matemáticas

sábado, 1 de octubre de 2011

"Reencuentro", de Fred Uhlman

En la Alemania de la década de los treinta, dos amigos de dieciséis años van a distanciarse con la llegada del nazismo y, mucho tiempo después, uno de ellos nos va a contar la historia de su amistad. Por la fuerza que desprende este pequeño relato, da toda la sensación de que el autor se hubiera basado en una experiencia personal, y eso que al principio parece solamente un testimonio más del deterioro moral de aquella época. Pero no importa si es autobiográfica o no. Lo que hace de esta narración una obra maestra es el chispazo de la última línea iluminando todos los detalles que hasta ese momento no recuperan todo su sentido en la memoria. Es una lectura de las que sirven para repensar muchas cosas: la conquista o la pérdida de una amistad, la relación con nuestros compañeros, el sentido que le vamos a dar a nuestra vida, incluso el amor a la propia tierra. Los protagonistas vivieron sus primeras emociones en el ambiente más civilizado de Europa y tampoco allí garantizó nadie nada. ¿O sí?
Miguel Martínez Renobales

viernes, 23 de septiembre de 2011

"Némesis", de Philip Roth

Némesis es la diosa de la justicia implacable y Philip Roth, uno de los novelistas estadounidenses más prolíficos y famosos de la literatura actual. En esta sencilla novela de reciente aparición nos presenta a un joven y valeroso protagonista, que está decidido a proteger a los niños de su barrio de una amenazadora epidemia de polio. Estamos en Newark (Nueva Jersey), en verano de 1944, en el centro judío que él dirige y, aunque nadie sabe aún cómo se contagia la enfermedad, el país entero confía en los valores heroicos de “la determinación, la dedicación y la disciplina” para sobreponerse a tragedias como ésta o a otras mayores como la misma Segunda Guerra Mundial. Bucky Cantor, nuestro personaje, es hiperresponsable, de una sola pieza, a él y a los que le rodean les oímos hablar como a los héroes de las películas americanas más comerciales y, sin embargo, esta novela es terriblemente actual. ¿Por qué? ¿Qué tiene la trayectoria de este atlético profesor de Educación Física para que nos atrape hasta el final y nos deje con unas ganas enormes de seguir leyendo? Gran historia la de este hombre sobre la culpa, la responsabilidad, el amor y el miedo.
Miguel Martínez Renobales

sábado, 20 de agosto de 2011

"El arte de tener razón", de Arthur Schopenhauer

Este librito de dialéctica fue escrito hacia 1830 por un filósofo alemán, famoso por su conocimiento de la condición humana. Apartándose de idealismos como el de confiar en que baste el intercambio de opiniones para encontrar la verdad, se centra más bien en lo que hacemos cuando pretendemos que nuestro juicio prevalezca en las discusiones. Todos creemos tener la razón de nuestra parte al construir una opinión, pero también comprobamos cómo nos acechan las dudas en cuanto la ponemos en juego. De cómo nos defendamos en el diálogo de las que él llama "estratagemas de mala fe" dependerá nuestra satisfacción al final de la partida.
Actualmente, cuando tantas y tan dispares opiniones se cruzan sobre todos los temas, merece la pena bucear en estas 38 estrategias para que no te den gato por liebre. Son más viejas que la tos, pero merecen la pena precisamente por la vigencia que mantienen gracias a él, entre otros. Con que identifiques unas cuantas, ya verás cómo se te van aclarando muchas cosas.
Miguel Martínez Renobales

martes, 2 de agosto de 2011

"Un viejo que leía novelas de amor", de Luis Sepúlveda

En El Idilio, una población de colonos perdida en el Ecuador oriental, en una choza frente al río, vive un viejo cazador que, además de experto en sobrevivir en la selva, es un apasionado lector de novelas de amor. Las recibe por encargo porque le avergüenza acudir a las librerías de la ciudad a pedirlas. De cómo pueda surgir de aquí una maravillosa aventura (con libros y todo) trata esta pequeña novela. Además de las resonancias que tiene con otras clásicas de la selva o del oeste, evoca a los grandes novelistas del Centro y el Sur de América por los ambientes que refleja y el sentido de la vida que anima a sus personajes. En el protagonista y en los nativos "salvajes" alientan el coraje, la justicia social, el amor, la generosidad, la auténtica sabiduría, esos valores humanos de todos los tiempos que están desapareciendo junto con los pueblos perdidos del Amazonas, a punto de ser exterminados por el "progreso". Para que nos demos cuenta del tamaño de semejante barbaridad construye el autor esta absorbente historia, que avanza magistralmente hasta el final gracias a la originalidad de las anécdotas y a la inesperada habilidad del héroe para superar la prueba a la que es sometido en contra de su voluntad. Prepárate para descubrir un nuevo mundo muy real en esta ficción.
Miguel Martínez Renobales

domingo, 31 de julio de 2011

"El síndrome de Mozart", de Gonzalo Moure

Si te gusta la música, si vibras con la magia de muchos tipos de música, tienes que leer esta novela para disfrutar de eso que llaman algunos "el alimento del alma". Camina con la protagonista por el exigente trayecto que le ha marcado su padre, un famoso neurólogo que investiga sobre el síndrome de Williams, y conocerás a gente que merece la pena. Ella tiene diecisiete años, está aprendiendo a tocar el violín y se encuentra llena de dudas sobre su identidad y su porvenir. Se cruzará con gente excepcional que la ayudará a conocerse mejor a sí misma, pero no será fácil. Las cosas del querer y ser querido nunca lo han sido y menos para las personas especialmente sensibles que sólo pueden ser comprendidas con el lenguaje de la música y no con el de las palabras, las "viejas y traidoras palabras". Yárchik, Tesa, Tomi (imborrable la conmovedora sencillez de Tomi), representan valiosas y diferentes posiciones sobre la amistad, el amor, el deber, la inteligencia, el talento, la belleza, la fama... y a los tres teme decepcionar la protagonista en algún momento. ¿Por qué? ¿Dónde reafirmarse para no fallarles?
 Esta es una novela no apta para tontos "que creen que la vida es la regla, la norma". Se habla de realidades tan reveladoras como el sentimiento oceánico, el oído absoluto, el pentimento... También de lo que hay en el lenguaje de la música, que es distinto porque no es de nadie y "nos engloba a todos". Hay referencias a muchos tipos de música, a novelistas, cantantes, grupos famosos,... Nos movemos entre el mundo urbano de la gran capital (Madrid) y el rural de una aldea de Asturias (Cansares). Su autor asegura haberse inspirado en personas reales para esta novela. De hecho, gracias a ella, la situación de los afectados en España por el síndrome de Willliams ha mejorado. Pero hasta esto no tiene importancia para la historia. Es el entusiasmo con el que construye sus ficciones lo que nos interesa. Compruébalo con otros títulos suyos.
Miguel Martínez Renobales

jueves, 21 de julio de 2011

"El castillo de cristal", de Jeannete Walls

Otra novela sobre la vida misma, solo que en EEUU. Se trata en este caso de las peripecias de una familia, amiga de andar de acá para allá sin rumbo fijo, contadas con ese desparpajo estadounidense que facilita mucho la lectura. Su autora, una joven periodista neoyorkina, ha decidido divulgar las "vergüenzas" de su familia, que no se atrevía a confesar pero pugnaban por salir. La singularidad de sus padres y hermanos, los traspiés y humillaciones, la superación de las dificultades entre tanta violencia, la gente del interior del país, todas las anécdotas de esa familia al borde del desastre están contadas de manera descarnada y sin ningún miramiento. El interés queda asegurado por el valor de la narradora y la intriga por la sucesión de despropósitos de los adultos. Es una novela de iniciación a la vida, que avanza desde el divertimento hacia la dureza y trata de los temas típicos, relacionados con la familia y la sociedad, entre los que queda especialmente grabado en el recuerdo la relación paternofilial con la narradora. Esos atrabiliarios y excéntricos Rex Walls y "Mamá" no se te quitarán fácilmente de la cabeza.
Miguel Martínez Renobales

"Chesil Beach", de Ian McEwan

Los protagonistas de esta novela son dos veinteañeros recién casados que se enfrentan en la noche de bodas a la pérdida de su virginidad. Tienen un nivel de formación alto. Estamos en la Inglaterra de 1962, antes de la gran liberación sexual de los sesenta, y nos lo acaba de contar hace bien poco uno de los novelistas ingleses de primera línea. ¿Por qué puede tener interés hoy semejante historia? Las dudas por las que pasan, sus reacciones, los recelos que albergan una y otro sobre su pareja, la capacidad o incapacidad que tienen para sobreponerse a la fuerte presión del ambiente, lo que piensan y, sin embargo, dicen, sus expectativas, sus deseos, la forma como construyen el relato de la relación con sus palabras están transmitidos con tanta convicción y maestría que trascienden la época de la que hablamos. Es verdad que Edward y Florence tendrían ahora alrededor de setenta años, pero, por lo que cuenta McEwan (y, sobre todo, por cómo lo cuenta) podrían enseñarnos muchas cosas interesantes sobre cómo triunfar o fracasar en esto del sexo y el amor, o el amor y el sexo (juntos o separados, como quieras). Y todo gracias a las palabras de McEwan (y su traductor, claro).
Miguel Martínez Renobales

"El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince

En 1987, el doctor Héctor Abad Gómez murió en Medellín (Colombia), asesinado por motivos políticos. Veinte años después, su hijo nos regaló a los lectores esta extraordinaria historia sobre las relaciones con su padre, un hombre comprometido con la solidaridad, la lucha contra la injusticia y la desigualdad. Es una novela escrita para que permanezca en la memoria de todo el mundo el valor de una persona ejemplar por su valentía en el enfrentamiento con los canallas y con el miedo que promueven desde el poder. También es la historia de la maravillosa relación entre un padre y un hijo sin  sentimentalismos ni concesiones a la galería. En medio de tanta tragedia y muerte inmerecidas, el cariño que le transmitió en todo momento (hasta en esos otros más banales en donde se "atasca" ese tipo de relación con el adolescente) hace de su figura un personaje inolvidable. Literatura de la buena.
Miguel Martínez Renobales

martes, 19 de julio de 2011

De un trabajo de Latín en 1º de Bachillerato



“Bastaba acercarse a la entrada para darse uno cuenta de que tenía ante sí la lujosa y plácida residencia de alguna divinidad […] Atraída por los encantos del lugar, Psique se acerca cada vez más; va cobrando confianza y se atreve a cruzar el umbral”

John William Waterhouse (1849-1917)
"Psique abre la puerta en el jardín de Cupido"
Arte Victoriano.  Óleo sobre lienzo

 “Les enseña los inmensos tesoros de su casa dorada, les hace oír la multitud de voces que la sirven, y, para reparar fuerzas, les ofrece un baño suntuoso y todos los refinamientos de una mesa digna de los Inmortales. Tanto es así que ellas, al verse saciadas con esta profusión de manjares, auténticas riquezas del cielo, empezaron a sentir y fomentar la envidia en el fondo del corazón” 
Jean Honoré Fragonard (1732-1806) "Psique mostrando a sus hermanas los regalos de Cupido".  Rococó. Óleo sobre lienzo
Entrada ya la noche, un ligero ruido llamó la atención. Temiendo por su honor en medio de tan profunda soledad, se asusta, se horroriza y, más que cualquier desastre, le inquieta lo desconocido. Ya estaba a su lado el marido misterioso; subió al lecho, hizo de Psique su esposa, y, antes de que volviera la luz del día, había desaparecido apresuradamente”
Jacques Louis David (1748-1825) "Cupid and Psyche"
Neoclasicismo Francés. Óleo sobre lienzo



“Tú, que hasta ahora eras una niña, llevas ya en tu seno otro niño, que será un dios si sabes callar y guardar nuestro secreto; si lo profanas, nuestro hijo será un simple mortal.”

Francois Gérard (1770-1837) "Cupido y Psique"
Neoclasicismo Francés. Óleo sobre lienzo



 “Al acercar la luz o iluminarse la alcoba, Psique ve al más dulce y amable de los animales salvajes: era Cupido en persona, el dios de la hermosura graciosamente recostado […] Así, sin enterarse y por propio impulso, Psique se enamora del Amor. […] Pero mientras se embriaga de tanta felicidad, como la honda herida del corazón le hace perder el equilibrio, he aquí que la lámpara aquella soltó de su mecha luminosa una gotita de aceite hirviendo sobre el hombro derecho del dios.”
Jacopo Zucchi (1541-1596) "Psique y Cupido"
Renacimiento. Óleo sobre lienzo

“A ese viejo asqueroso (Caronte) has de darle, a título de peaje, una de tus dos monedas, pero cuidando un detalle: que él con su propia mano saque la moneda de tu boca”

Spencer Stanhope (1829-1908) "Psique y Caronte"
 Prerrafaelita. Óleo sobre lienzo

“Yacía inerte en el suelo; estaba tan dormida como un cadáver. Cupido, cuya herida había cicatrizado ya por completo, repuesto ya y sin poder aguantar más la prolongada ausencia de Psique, se fugó por el tragaluz superior de la estancia en la que estaba recluido; sus alas se habían robustecido por el largo reposo; superando su propia velocidad de vuelo, acudió junto a Psique.”
Anthonio Van Dyck (1599-1641) "Cupido y Psique"
Barroco. Óleo sobre lienzo


“Antes morir mil veces que perder la felicidad de nuestra unión; pues estoy locamente enamorado de ti y, seas quien seas, te quiero tanto como a mi propia vida: ni el propio Cupido me parece comparable a ti.”

Antonio Canova (1757-1822) "El amor de Psique"
Escultura Neoclásica. Mármol



Ángela Miranda 1º Bachillerato Humanas