viernes, 20 de abril de 2012






Los primeros cursos ya han comenzado a colocar sus textos en la pared. En las 
fotografías, un grupo pequeño de alumnos del “Nocturno” de  2º de Bachillerato Científico y Tecnológico  y otro, del Curso de Acceso a Ciclos de Grado Superior. Si, con el tiempo, hemos recogido una cantidad interesante de comentarios (ya han aparecido varios), reseñaremos algunos aquí, aunque, a diferencia de los que están pegados en el rincón, estos del blog no llevarán el nombre del comentarista. Los podréis leer dentro de unos días. Continuará. 


miércoles, 18 de abril de 2012

Exposición de primeros textos

Como puede apreciarse en la fotografía, ya han asomado algunos textos del pupitre y comienzan a ser colocados en el Rincón (Concha Fernández Renedo, la bibliotecaria, es la que aparece en esta ocasión). También, gracias a Alberto Riva (de Edificación y Obra Civil), contamos con un buen rótulo para encabezar la exposición . Además, Esther García (de Plástica) nos ha prometido un material de sus alumnos, consistente en unos carteles con nombres de máquinas e incluso unos caligramas, para los que, si es preciso, abriremos una sección especial. Ya hay textos que hablan precisamente de máquinas y juegos con la literatura, así que... espléndido.
Miguel Martínez Renobales

martes, 17 de abril de 2012

Instalado el panel para el "Rincón de las palabras de la máquina"

Ya está instalado el fondo del Rincón de las Palabras de la Máquina. A partir de ahora, comenzaremos a pegar sobre él los textos literarios que quieran ilustrar los lectores. Lo hemos puesto entre ayer y hoy, con la ayuda de Manuel Saro (del Departamento de Plástica, el moreno que se ríe en la foto en la que también sale el carro de lectura para las aulas, del Departamento de Lengua), Pedro Arroyo (del Departamento de Edificación y Obra Civil, al que se le ve plegando papel conmigo y que es el copista de los dos dibujos grandes que visten el rincón), Concha (Fernández Renedo, la bibliotecaria que sale al fondo en la foto de grupo), Miguel Ángel Magaz  (del Departamento de Lengua, con la bata blanca) y más gente que pasaba por allí y sale también en alguna de las fotos, como Concha Lebaniegos (de Religión) y Ángel Peña Fernández (del Personal Laboral) y otros que no han salido, como Alberto Riva, Pedro Bosque (ambos de Edificación y Obra civil) o Eduardo López-Peredo (Matemáticas) y Montse  Casado Morán (del Personal Laboral y que ha hecho las fotos del día 17).

El día en que peguemos el primer texto comenzará la generación de significados con la palabra “máquina” como eje. La pared hablará sobre muchas cosas, todas ellas relacionadas con alguna idea de máquina transmitida por una fuente clásica y al hilo de una situación concreta que queda sugerida por el fragmento seleccionado. Estarán ahí, en el rincón, sin parar de hablar, pero en silencio. Los dibujos de Pedro Arroyo son los primeros que nos aportan mucho significado con esas dos hermosas imágenes: la del mecanismo que mueve al mundo, accionado por una mano desconocida, y la de las interioridades de una máquina doméstica como la de coser. Aún no cuentan con palabras, pero inician las evocaciones (“dadme una palanca y moveré al mundo”, “¿quién le imprime tanta velocidad?”, “la máquina de coser y el paraguas sobre la mesa de disección”, etc, etc.). Porque ese es el asunto, abrirse a múltiples significados sobre: “¿para qué las máquinas?”
Miguel Martínez Renobales


miércoles, 4 de abril de 2012

Más textos para "Las palabras de la máquina"

Comienzan las vacaciones de Semana Santa. En cuanto estemos de vuelta, iniciaremos la instalación del rincón de “Las palabras de la máquina” con los textos literarios que hayamos recogido. Hasta ahora, además de los aportados por Lengua y la Biblioteca, nos han llegado otros muy interesantes, de los Departamentos de Plástica y de Geografía e Historia. Podréis comprobarlo (y utilizarlos) a partir de la penúltima semana de abril. Buenas vacaciones.
Miguel Martínez Renobales

martes, 27 de marzo de 2012

Continúa la preparación del rincón de las Palabras de la Máquina

 Ya están llegando fragmentos de textos, que poco a poco almacenamos para cuando tengamos dispuesto (y forrado con papel continuo) el rincón de las palabras de “la máquina”. Los primeros días empezaremos a ilustrar algunos y los iremos colocando sobre el mural para que vayan haciendo cuerpo y cargándose de significados. Continuamos recogiendo mientras se van haciendo otras cosas. Por ejemplo, nos está preparando nuestro compañero Pedro Arroyo, de Edificación y Obra Civil, un frente espléndido para el mural de este año. Atentos a la obra que va a merecer la pena contemplarla con detenimiento.
Miguel Martínez Renobales

miércoles, 21 de marzo de 2012

Comienza el Diario de las palabras de la máquina

Hoy se abre el Diario de las palabras de la máquina, porque las instrucciones para participar en la exposición que montaremos más adelante han quedado repartidas por todo el centro y colgadas en la plataforma Yedra. Aún no sabemos cuándo la desplegaremos, pero, del mismo modo que hicimos el año pasado con las “palabras del bosque”, en esta ocasión contaremos con textos literarios en los que aparezca la palabra máquina u otra similar (aparato, artefacto, artilugio, autómata, ingenio, máquina, maquinaria, mecanismo, mecano, motor,… incluso cualquier otra que nombre un “artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza”). La iniciativa pretende que la literatura salga a un rincón del pasillo del IES para contribuir a la reflexión que el compañero de Plástica, Manuel Saro, propondrá en el mes de mayo con una instalación suya y de sus alumnos acerca del papel de las máquinas en la sostenibilidad de la energía (estamos en el año de la energía sostenible).
En realidad, la significación de nuestro rincón se va a abrir a otras muchas posibilidades, pues no en vano los textos van a ser literarios (estarán dotados de mucho sentido) y encima constituirán  fragmentos, con lo que se van a cargar a su vez de otros muchos derivados de su nuevo entorno, tanto si les “metemos mano”, como si no. Pero, como lo que queremos es que la gente pase un buen rato “amasando” literatura, pues encantados (y, si quiere pasar más ratos, mejor que mejor). Lo hacemos así porque nos parece que contextualizamos mejor el asunto de la relevancia de la mecanización en esto tan nuestro de si la humanidad progresa o no. Se trata de pensar un poco en cómo han visto otros antes que yo eso del uso de las máquinas e incorporar a mi vez mi punto de vista. Eso es todo. Atentos
Miguel Martínez Renobales

lunes, 5 de marzo de 2012

"Hambre de libertad" de Isabel Oyarzábal Smith

            No busques este título en las historias de la literatura, porque no aparece en ninguna, pero ya veremos, ya veremos,... Nosotros lo reseñamos aquí porque es un ejemplo magnífico de autobiografía testimonial, de narración apasionada de recuerdos para que nadie los pueda desfigurar. Se trata de las “Memorias de una embajadora republicana”, como dice en el subtítulo, y aunque su autora no disponga de una buena visión histórica (lo escribió en 1940, cuando aún estaba muy reciente la Guerra Civil), representan un testimonio emocionante de la vida de una española universal. El original fue escrito en inglés y hasta el año pasado no ha sido traducido al español.   
            El atractivo de su lectura radica en la personalidad de la protagonista, los acontecimientos que le tocó vivir y cómo los cuenta. Ella es una malagueña de buena familia, que desde muy joven, comienza a mostrarse como lo que Carmen Martín Gaite denominó una “chica rara” (hablando de la Andrea de la novela Nada, de Carmen Laforet). Es una niña que, en el entorno asfixiante de la alta burguesía malagueña de principios del siglo XX, no responde a los comportamientos esperados en alguien de su clase y esto le acarrea problemas; pero no se lamenta por ello, acepta las cosas como vienen y esta actitud va a conformar una característica esencial de su carácter: la capacidad de superación en un entorno hostil.
            Isabel Oyarzábal forma parte de esa  generación de republicanas que hicieron uso de la memoria como lucha contra el olvido. Su historia abarca desde principios de siglo hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando la vida de la gente sufría unos cambios de rumbo tremendos. La vemos de adolescente en un internado, también como una hija que no acaba de “encajar” en la relación con sus hermanas o con los hombres que la rondan como moscones, actriz, traductora, conferenciante, corresponsal de prensa extranjera, Inspectora de Trabajo (la primera en España), luchadora por el voto femenino, mujer de un pintor,  esposa engañada que explica con toda entereza la infidelidad de su marido, folklorista, madre angustiada por los suyos que combaten en pleno frente de guerra, embajadora en un país libre, defensora de una España que no es tan “diferente” como otros parecían creer,… Y todo contado, como ella dice,  “sin rodeos”, con una clarividencia que nos la instala desde el principio en la más rabiosa actualidad. Han pasado más de setenta años de aquello  y, sin embargo, parece que la estemos oyendo hablar en cualquier medio de comunicación de hoy. Conecta con su sintonía y verás cómo no cambias de canal.
Miguel Martínez Renobales

domingo, 4 de marzo de 2012

"La máquina del tiempo", de H. G. Wells

            Esta novelita, que representa un pilar básico de la literatura de ciencia-ficción, fue editada en 1895. Salió en la época en que muchos ciudadanos confiaban en el progreso científico y técnico para mejorar la organización social de los seres humanos y aumentar su felicidad. Era cuando comenzaron a proliferar historias que se impacientaban por adelantarse al futuro y planteaban si el mundo de los próximos siglos iba a ser más feliz o no. En este caso, gracias a una maravillosa máquina, el protagonista viaja al Londres del año 802.701 y comprueba las condiciones en que vive la humanidad. Los Morlocks de las tinieblas subterráneas y los Eloi de la superficie constituyen los tipos de criaturas en las que nos podemos convertir si nos dormimos en los laureles, si nos resistimos a la necesidad de cambiar las cosas por miedo al riesgo o a la incertidumbre.  Curioso mensaje en los tiempos que corren hoy.
            En una revista de hace algo más de un siglo (Harmsworth Magazine)  se podía leer lo siguiente: “la navegación aérea, el transporte rápido, el electroscopio tenderán a dificultar los crímenes y las guerras y a restarles atractivo a medida que las condiciones sociales mejoren”. Con lo que cayó después. Pues bien, Wells, con su escepticismo típicamente británico, atizaba el conformismo que podía latir tras esa confianza ciega en la ciencia y nos propone un viaje a lo Gulliver para espabilarnos. Estamos lejos aún de los universos paralelos y de las teorías de la Física moderna, pero si quieres comprender mejor el tamaño de la paradoja del viaje en el tiempo, escucha a los primeros que la desarrollaron y generaron toda una literatura posterior. Es lo que pasa con los antiguos que discurren bien. Que ya verás cómo asoman por ahí algún Morlock o algún Eloi sin que parezcan venir a cuento y, sin embargo,…
Miguel Martínez Renobales

miércoles, 8 de febrero de 2012

"Memorias de una joven católica", de Mary McCarthy

            Hay algo en las memorias de esta chica que resulta especialmente atractivo y es la voluntad irrenunciable de ser sincera consigo misma. Nada más empezar nos previene contra la tentación que vamos a sentir de creer que la mayoría de las anécdotas que nos va a contar son ficticias o han sido “cocinadas”. Ella sabe, como buena escritora que es, que la memoria juega malas pasadas a los recuerdos, especialmente si son escritos. Por eso, al final de cada capítulo, para no dejarse llevar por su inventiva como novelista, levanta acta de lo que para ella es absolutamente cierto, así como también de lo que puede resultar más dudoso, pues lo ha comprobado con versiones diferentes de otros protagonistas ¿Lo hace de este modo porque la pérdida de fe de una muchacha católica es un tema muy serio como para relajarse con “ficciones”? Es muy posible, pero más allá del problema del impacto que pudo causar a mediados del siglo pasado, este libro tiene toda la pinta de ser buena literatura por “añadir lectores nuevos a la cadena, y no repeticiones” como hacen los buenos libros, según Félix de Azúa.
            Todo gira en torno a la religiosidad de quienes la rodean en casa y en el colegio, especialmente los católicos. Habla de sus experiencias en el norte y noroeste de EEUU, durante el periodo que comprende las dos guerras mundiales, pero algunas de ellas pueden parecerse bastante a las de otras mujeres, lejos de aquel país o de otra época. Ella dice que uno de los mayores obstáculos con los que tropezó para recordar fue el hecho de haberse quedado huérfana a temprana edad y haber sido educada por dos pares de abuelos alejados de la vida familiar, lo que supuso no contar con la información de los auténticos relatores de nuestra infancia y adolescencia: los padres. Menos mal que fue ayudada por otros miembros de la familia, especialmente por uno de sus hermanos, aficionado como ella a las raíces y arqueologías familiares.
            Aunque se retrata a sí misma como engreída y jactanciosa, es muy crítica con los católicos precisamente por lo mismo, por la suficiencia con que menosprecian a los desafortunados que no creen en la única religión verdadera, que es la suya. Toda la belleza de la imaginería católica, el orden y la distinción de muchos de sus militantes le fascinan y está agradecida a la educación que ha recibido, pero llega un momento en que esa niña tan ansiosa por saber no puede aceptar, por más que lo intenta, la conciencia de privilegio con que se desenvuelven, su falsa magnanimidad,  la competitividad que imprimen a todo lo que se relacione con la educación. Han pasado más de cincuenta años desde que lo publicó y en junio se cumplirá el centenario del nacimiento de su autora. Puede ser un buen momento para comparaciones. Con el afán que pone ella en  que “todo quede explicado”, el interés está garantizado hasta el final.
Miguel Martínez Renobales

jueves, 2 de febrero de 2012

"El factor humano", de John Carlin

            Este es un libro extraordinario sobre la reconciliación y el perdón. Lo protagoniza un héroe de carne y hueso, Nelson Mandela, en Sudáfrica, un país con más de cincuenta millones de habitantes, de los cuales el 90 % ha sido segregado por el otro 10 % durante los más de cincuenta años de racismo del apartheid. En 1990, cuando sale liberado de la cárcel, se constituye en el líder indiscutible de la llamada revolución negociada que va a salvar al país de una inminente guerra civil. La historia de cómo consigue ganarse incluso a sus mayores enemigos entre 1985 y 1995 nos la cuentan aquí. Siempre aparecen personas reales, que nos hablan directamente de sus convicciones y esperanzas, en un entorno racista donde el apaciguamiento se alcanza al final gracias a la capacidad de liderazgo de este hombre.  
            El autor, John Carlin, corresponsal en Sudáfrica por aquellos años, es además un reputado analista de fútbol y rugby y, como buen británico, gran conocedor de los valores del deporte de equipo, en los que la figura del capitán resulta determinante. Aunando ambos mundos construye esta narración después de que el 24 de junio de 1995, en el estadio de rugby Ellis Park (Johannesburgo), se quedara totalmente fascinado por el milagroso ambiente de euforia y hermanamiento que había conseguido Nelson Mandela en aquella final del Campeonato del Mundo entre los AllBlacks (Nueva Zerlanda) y los Springboks (Sudáfrica).
            El poder del deporte para transformar el mundo y la importancia de valores tradicionales como la lealtad con el equipo y la capacidad de superación personal quedan admirablemente reflejados en esta historia de generosidad y redención, publicada hace solamente tres años y reconocida pronto como un clásico del periodismo. Dicen que alguno de los futbolistas de nuestra selección  la leyó cuando ganamos allí el Campeonato del Mundo de 2010. No sería raro. Hay una película de Clint Eastwood (“Invictus”) que sigue fielmente los acontecimientos, pero se queda algo lejos de la épica del libro. Si te gusta el deporte o estás interesado por el factor humano que anida tras los grandes acontecimientos históricos, lee esta crónica de John Carlin. Aprenderás a mirar la política con otros ojos.
Miguel Martínez Renobales

sábado, 31 de diciembre de 2011

"Drácula", de Bram Stoker

     Ahora que dicen que los vampiros están de capa caída y que lo que se lleva son los zombis,  te animamos a que leas una de las novelas de terror más famosas de la literatura. Te lo decimos un poco por llevar la contraria a las modas y, sobre todo, porque es imprescindible conocer la narración original del conde Drácula  para apreciar cualquier historia de espectros chupasangres. Hay mucha gente que no se arrima a ella, porque cree que le basta con haberla visto en el cine, en alguna de las múltiples versiones que no dejan de aparecer, pero se equivoca. Esa no es la mejor manera  de saber de vampiros. Si no has leído esta novela, que, como dice Pérez Reverte, no cuenta con lector que no hable de ella “con entusiasmo”, no sabes una palabra.
     Es  una historia de héroes al viejo estilo. Todo va sucediendo con el maravilloso orden de las narraciones antiguas gracias a las decisiones ingenuas de los protagonistas,  que desconocen lo que se les avecina. Solo Van Helsing, el omnipresente, alimenta sospechas fundadas, pero la incertidumbre se mantiene hasta bien avanzada la novela. Durante gran parte de ella, los personajes deben elegir trayectorias desconocidas que les llevarán a la superación, a diferencia de lo que nos sucede a nosotros, que  en la vida real no andamos sobrados precisamente de acierto ni de puntería en esto.
     Quizá pierdan alguna vida en el camino por haberse retrasado en conjurar la gravedad del peligro, pero es lo que les suele pasar a los héroes cuando se enfrentan a lo desconocido, es el precio que tienen que pagar por su ignorancia en la búsqueda de la verdad.  Y también por lo mismo, quizá pueda parecernos que se demoran excesivamente  en sus movimientos al enfrentarse al extraño conde por primera vez en su vida. A veces  nos gustaría aguijonearlos,  avisarles del peligro  para que aviven el paso o tomen otra dirección, pero no se trata de eso cuando leemos grandes historias clásicas. Ya sabemos que va a ganar el bueno. Es preferible dejarse llevar por la intriga y contemplar, por ejemplo, cómo monta el autor la secuencia de acontecimientos para disfrutar más tiempo del placer de la lectura.  
     Hay variedad de textos (relatos, cartas, diarios personales, noticias, grabaciones,…), múltiples aventuras de gran interés, incluso algunas de ellas con cierto regusto erótico. El movimiento de narradores, personajes,  lugares y tiempos es constante en esta historia de miedo y sensualidad, que acabará generando otras muchas (y muy populares) en la historia de la literatura y el cine.  Apúntate a pasarlo bien con los orígenes de todo. Es la mejor forma de “estar en el ajo”.
Miguel Martínez Renobales

jueves, 22 de diciembre de 2011

"Semáforo", de Gabriela Berrón, 2º de E.S.O.

Como muestra de trabajos realizados en clase, dentro de nuestra sección "Relatos de alumnos", incluimos esta descripción realizada "al modo de...", de la alumna Gabriela Berrón, de 2º A. El ejercicio consistía en redactar un texto partiendo de la columna de Manuel Vicent, del mismo título, publicada en el periódico El País, el 7 de enero de 1986 ("Semáforo", de Manuel Vicent). La consigna obligaba a reproducir frases del texto original (las primeras y la última) y redactar uno propio.

        Esa chica morena que espera ahí enfrente, en el semáforo ¿quién será?, ¿de dónde vendrá?,  ¿a dónde irá con ese bolso tan pequeño? Parece que a una fiesta. Lo deduzco por ese vestido negro, pegado al cuerpo, elegante pero a la vez juvenil. De repente la chica se gira, por lo que puedo mirarle a los ojos. Unos ojos azules y perfectamente maquillados, que hacen contraste con su cabello y su piel morena. No le echo más de diecisiete años. Quizá se llame Paula o Marta o Andrea, o quizá no sea española, no lo sé bien. Quizá si nos hubiésemos conocido de pequeñas ahora seríamos amigas, habríamos compartido risas y secretos, nos habríamos enfadado miles de veces…  Si esto hubiese sido así, ahora mismo estaría a su lado, yendo con ella a la fiesta.
       De repente le suena el móvil, camina de un lado a otro. Mientras ella habla, yo pienso en lo mucho que da de sí un semáforo.
       Finalmente pasa el último coche y el semáforo se abre. Por el paso de peatones la chica de la fiesta y dueña de un par de hermosos ojos azules avanza hacia mí y yo voy hacia ella. Las dos al cruzarnos nos miramos, me encantaría saber qué pasa por su cabeza, ella no me conoce, habrá pensado que voy a un instituto normal,, habrá pensado que me llamo Raquel o tal vez Nuria. Que soy como cualquier chica adolescente. Bajamos la mirada y al llegar cada una a la acera contraria nos hemos olvidado ya para siempre.  En la ciudad se oyen sirenas de ambulancia.

viernes, 21 de octubre de 2011

"El baile", de Irène Némirovsky

Hay una hija sojuzgada en este relato, que resulta muy interesante para todas aquellas lectoras que hayan sentido la tentación de actuar como Cenicientas perversas alguna vez en su vida.  La verdad es que no hay príncipe azul, pero no hace falta. Sólo una madre como la señora Kampf basta para desatar en Antoinette unos insuperables deseos de venganza por todo lo que le ha sido negado a sus catorce años. No es más que una ficción muy breve (de las buenas, por cierto), que escandalizó al público bienpensante de la Francia de los años 30, pero que seguramente divirtió a más de una adolescente encantada de seguirle el  juego a la autora. Puedes probar tú a ver si el gancho funciona. Habla de la falta de entendimiento entre madre e hija y es buena literatura. ¡Qué más se puede pedir de autoayuda!
Miguel Martínez Renobales

martes, 4 de octubre de 2011

"El juego de Caín", de César Mallorquí


El juego de Caín es una novela policíaca de César Mallorquí. La protagonista de la novela es Carmen Hidalgo, propietaria de la agencia de detectives Investigaciones Hidalgo, a la que un día contrata el constructor Ignacio Vázquez de Olmedo, a la sazón presidente del club de fútbol Deportivo de Chamartín, para que investigue a Rubén Mochedano, la estrella del equipo, ya que últimamente su rendimiento deportivo está siendo decepcionante. Este es el planteamiento.
Si tenemos en cuenta que la protagonista no entiende nada de fútbol, solo de zapatos, hemos de pensar que el tema es, cuando menos, sugestivo. Y si le añadimos que es de esos libros que crea adicción a leerlo, pues en todo momento estás deseando saber qué es lo que va a pasar, y a esto le añadimos que el ritmo es, por momentos, trepidante y, por último, que está muy bien escrita con una solución coherente, que en algún momento se deja entrever, tenemos una novela que, si se puede, se debe leer.
De César Mallorquí también recomiendo leer El coleccionista de sellos y La catedral.
Alfonso de Juan Rodríguez. Departamento de Matemáticas

sábado, 1 de octubre de 2011

"Reencuentro", de Fred Uhlman

En la Alemania de la década de los treinta, dos amigos de dieciséis años van a distanciarse con la llegada del nazismo y, mucho tiempo después, uno de ellos nos va a contar la historia de su amistad. Por la fuerza que desprende este pequeño relato, da toda la sensación de que el autor se hubiera basado en una experiencia personal, y eso que al principio parece solamente un testimonio más del deterioro moral de aquella época. Pero no importa si es autobiográfica o no. Lo que hace de esta narración una obra maestra es el chispazo de la última línea iluminando todos los detalles que hasta ese momento no recuperan todo su sentido en la memoria. Es una lectura de las que sirven para repensar muchas cosas: la conquista o la pérdida de una amistad, la relación con nuestros compañeros, el sentido que le vamos a dar a nuestra vida, incluso el amor a la propia tierra. Los protagonistas vivieron sus primeras emociones en el ambiente más civilizado de Europa y tampoco allí garantizó nadie nada. ¿O sí?
Miguel Martínez Renobales