martes, 11 de septiembre de 2012

“El soldadito de plomo”, adaptación de Sara Samperio y Marta Terán, del Grupo Solinar


El GRUPO SOLINAR forma parte de la ONG “Jóvenes y Desarrollo”  desde el curso 2011-2012 y nace con la intención de ayudar a sectores sociales marginados. Lo constituyen un grupo de alumnas de nuestro IES, que, después de valorar diferentes posibilidades de intervención, decidieron volcarse inicialmente en discapacitados con síndrome de Dow, concretamente en Down Cantabria. Han asistido con frecuencia a reuniones de esta Asociación y han participado en sus Talleres. Su aportación particular consistió en la representación de la obra de Teatro de Marionetas “El soldadito de plomo”, que incluimos a continuación y que montaron para transmitir el mensaje de que “hay que aceptar a todo el mundo tal y como es, porque todos somos diferentes”. La profesora que les ayuda es Silvia Fernández Cuevas, del Departamento de Lengua,  y, si quieres conocer mejor la trayectoria del grupo y otras actividades que realizan, puedes consultarla  en  su blog:


Narradora.-  Había una vez un niño que se llamaba Carlos. Por Navidad a Carlos le regalaron cinco soldaditos de plomo con un bonito uniforme azul y rojo y una escopeta al hombro. (TELON CERRADO)
Cada noche los juguetes de la habitación de Carlos cobraban vida. A las 12 los soldaditos se levantaron de su caja de madera, y desfilaron por la habitación. Al último soldadito le faltaba una pierna, por lo que tropezó e hizo caer a los demás.
Sold1- ¡Pero mira que eres torpe!
Sold3- Tendrías que haberte quedado en la caja.
Sold4- Aquí solo molestas, vuelve otra vez.
Narr.- El Soldadito triste se alejó de sus compañeros volviendo hacia la caja y, de repente, vio a una bailarina, bailando sobre una sola pierna. El Soldadito pensó que era como él, por lo que se acercó a ella. Cuando la bailarina le vio, paró de bailar y posó su otra pierna en el suelo. El Soldadito se desilusionó y empezó a alejarse. (Soldadito triste)
Bail.- ¡Espera! No te vayas.
Sold.- Es que como soy diferente, pensé que no querrías estar conmigo.
Bail.- ¿Entonces, no quieres bailar conmigo? (Soldadito sonríe)
Narr.- Empezaron a bailar, cuando apareció la marioneta mala, que se metía con todos los juguetes.
Mar.- ¿Qué haces bailando con ese Soldadito? si le falta una pierna.
Bail.- ¿Y qué?
Mar.- Debería estar solo, porque es diferente.
Bail.- A mí, que sea diferente no me importa.
Narr.-  Entonces, la marioneta enfadada, empujó al soldadito contra la ventana abierta.
Sold.- ¡Déjame en paz, yo no te he hecho nada!
Bail.- ¡Eso!¡Déjale en paz!
Mar.- No quiero.
Narr.- La marioneta coge un cubo de madera y se lo lanza al Soldadito, el cubo le da y se cae por la ventana.
Bail.- ¡Nooooooooooo!
Sold.- ¡Ahhhhhhhhh!
Mar.- Puajajajaja (Risa malvada)
Narr.- El soldadito cae a la calle. A la mañana siguiente, dos niños lo encuentran.
Niña- Lucas mira, un Soldadito de Plomo.
Niño.- Pero le falta una pierna.
Niña.- Jo, entonces no nos sirve para nada, ¿le tiramos al río?
Niño- No, hagámosle navegar en un barquito de papel.
Nar.- Los niños construyeron un barquito de papel donde pusieron al Soldadito, y lo tiraron río abajo. El soldadito se alejó rápidamente hacia el mar. Al llegar, el barco se empezó a hundir y el soldadito comenzó a pedir ayuda.
Sold.- ¡Ayuda! ¡Auxilio! ¡Que alguien me ayude, por favor!
Narr.- El barco se terminó hundiendo por completo, y el soldadito cayó al fondo del mar, un pez lo vio, se acerco a él y se lo comió. (TELON CERRADO) Unos pescadores que estaban por allí con su barco, pescaron al pez. Lo llevaron a puerto, la mamá de Carlos lo compró y, cuando llegó a casa, el soldadito se cayó de la boca del pez. Carlos lo vio, lo cogió y se lo llevó a su cuarto. Allí lo colocó junto a los demás soldaditos.  A media noche, los soldaditos se despertaron y se dieron cuenta de que el soldadito había vuelto.
Sold2.- ¡Has vuelto, nos tenías preocupados!
Sold.- ¿En serio?
Sold4.- Pues claro, no queríamos decir lo que dijimos…
Sold3.- Lo sentimos mucho.
Sold.- Tranquilos. No pasa nada. Ahora tengo que ir a arreglar una cosa.
Narr.-  El Soldadito fue a ver a la bailarina, la encontró trise y apagada. La bailarina miró al frente y  vio soldadito.
Bail.- ¡Soldadito! Estaba muy preocupada por ti.
Sold.- Tranquila, ya he vuelto.
Bail.- Ten cuidado con la marioneta, no te quiere aquí.
Narr.- De repente, la caja de la marioneta se abrió, asustándoles.
Mar.- ¡Cómo has podido volver! Si yo misma te tiré por la ventana.
Sold.- Pues ya ves, he vuelto, y quiero hacer las paces contigo.
Mar.- Yo no quiero ser tu amiga, porque me estás robando a mis amigos.
Bail.- No, todos podemos ser amigos, sin importar cómo sea cada uno.
Sold.- Me parece bien.
Bail.- ¿Lo ves?
Mar.- No sé… Yo no quiero que me dejéis de lado.
Sold y Bail.- ¡No te vamos a dejar de lado!
Mar.- Bueno… Está bien (marioneta sonriente por primera vez)
Narr.- Desde aquel día a las doce de la noche, todos juntos jugaban, bailaban y se divertían.
Sara Samperio y Marta Terán (Bachillerato)

martes, 21 de agosto de 2012

“La princesa prometida”, de William Goldman


La bella campesina Buttercup y su mozo de cuadras Westley se enamoran perdidamente y este parte en busca de fortuna para poder comenzar una vida juntos. Pero durante el transcurso de su viaje se topa con el temible pirata Roberts, el que nunca deja supervivientes. Buttercup promete no volver a amar nunca. Tiempo después, la joven se casa por obligación con el príncipe Humperdinck, cuyo único interés es la caza. Tres hombres, el mejor espadachín, el hombre más fuerte y el más inteligente, son contratados para capturar a la hermosa princesa, pero un misterioso hombre los persigue durante su huida y los vencerá uno a uno en su propio terreno.
 Una maravillosa historia que contiene todos los elementos de los cuentos clásicos de héroes, princesas y fantasía, pero que a la vez es sorprendente e impredecible. Una novela marcada por un estilo sencillísimo y ameno y un continuo tono humorístico.
Una historia que comienza con la mujer más hermosa del mundo y que hay que continuar leyendo para descrubrir a cada uno de los personajes, cada cual más sorprendente e imposible.
 Una novela diferente y original que merece la pena leer.
 Esgrima. Lucha. Torturas. Amor. Odio. Venganzas. Gigantes. Bestias de todas clases y aspectos. Verdades. Pasión. Milagros. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas.
Lucía González Merino (Bachillerato)

sábado, 28 de julio de 2012

"Algo va mal", de Tony Judt


Y un tercer libro para hoy, otro ensayo también, solo que ahora referido a lo colectivo, lo social y no a lo individual, lo personal.  Lo publicitan en una de sus ediciones con la siguiente frase añadida en la portada:  “ha llegado el momento de detenernos a decidir en qué mundo queremos vivir”.
Nada más empezar, el autor se lo dedica a la gente joven por “lo mucho que les preocupa el mundo que les hemos legado y los medios tan inadecuados que les hemos proporcionado para mejorarlo”. Está fechado en Nueva York, en febrero de 2010, unos meses antes de su muerte. Si estás interesado en saber cómo,  cuándo y por qué se adulteró el sueño progresista de la socialdemocracia europea, tienes que leerlo.  Constituye una defensa de sus valores y un homenaje a aquellos antiguos liberales, grandes defensores del bien público, que hoy está tan controvertido. Ten un buen atlas histórico a mano (también te puede valer internet) para consultar o ampliar las referencias que aparecen a los momentos clave, porque merece la pena que sigas al autor de cerca, aunque te cueste algún esfuerzo adicional.
Su tesis es la siguiente:  “En las tres décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, economistas, políticos, comentaristas y ciudadanos coincidían en que un gasto público alto, administrado por las autoridades nacionales o locales con libertad suficiente para regular la vida económica a distintos niveles, era una buena política”. Pero… “durante (los últimos) treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material”. “Sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos ni idea de lo que valen”.  “Gran parte de lo que hoy nos parece natural data de la década de 1980: la obsesión por la creación de riqueza, el culto a la privatización y al sector privado, las crecientes diferencias entre ricos y pobres”.
Está desarrollada en seis capítulos muy clarificadores y muy útiles para configurar esquemas históricos sobre la crisis actual. Este libro avisa de que “perder el propósito social común de los servicios públicos, aumenta peligrosamente los poderes de un Estado todopoderoso, cuyo vínculo con el ciudadano queda reducido al de la obediencia a la autoridad” y esto ya son palabras mayores. Su conclusión es que la socialdemocracia debe revisar su “incapacidad para desarrollar una visión  que trascienda al Estado nacional”. Y ya en las líneas finales, anima:  “como ciudadanos de una sociedad libre, tenemos el deber de mirar críticamente a nuestro mundo. Si pensamos que algo está mal, debemos actuar en congruencia con ese conocimiento. Como sentencia la famosa frase, hasta ahora los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversas formas; de lo que se trata es de transformarlo”. Valioso, muy valioso.
Miguel Martínez Renobales

"La conquista de la felicidad", de Bertrand Russell


Este libro es de los años 30 del siglo pasado, es decir, anterior a la Segunda Guerra Mundial, la televisión o la liberación de la mujer (por poner tres ejemplos de acontecimientos que cambiaron la mentalidad occidental). Está escrito por un aristócrata británico, político, uno de los sabios más destacados en la historia de Occidente: Premio Nobel de Literatura en 1950; figura principal en disciplinas como Matemáticas, Lógica, Filosofía de la Ciencia, Teoría del Conocimiento, Ciencias Políticas, Sociología, Ética, Religión, Pedagogía; personaje público encarcelado por actividades pacifistas; fundador del Tribunal Russell para sancionar los excesos del imperialismo en el mundo;  adalid del humanismo laico,… Un hombre excepcional, en pocas palabras, muy comprometido consigo mismo y con su tiempo.
La lectura de este breve tratado, además de proporcionarte una buena visión de la mentalidad anglosajona de la época (que es la que parece mantener su primacía en la actualidad), te servirá sobre todo para comprobar cómo, por más cambios que se sucedan en el mundo, hay ideas que continúan ejerciendo su influencia a pesar de quienes las consideraron elitistas entonces o ingenuas y trasnochadas ahora. 
Ya en el preámbulo avisa el autor de que, lejos de filosofías o erudiciones profundas, lo que pretende es ofrecer recetas, confirmadas por su propia experiencia y observación, para que las personas  “que son desdichadas puedan llegar a ser felices si hacen un esfuerzo bien dirigido”. Toda una declaración de intenciones, en la línea de los libros de autoayuda más tópicos, solo que en este caso con mucho  fundamento y, como comprobarás si lo lees, con gran capacidad de persuasión.
Encontrarás afirmaciones como esta: “en la adolescencia odiaba la vida y estaba continuamente al borde del suicidio, aunque me salvó el deseo de aprender más matemáticas. Ahora disfruto de la vida; casi podría decir que cada año que pasa la disfruto más. En parte se debe a que he descubierto cuáles eran las cosas que más deseaba y, poco a poco, he ido adquiriendo  muchas de esas cosas. En parte se debe a que he logrado prescindir de ciertos objetos de deseo (como la adquisición de conocimientos indudables sobre esto o lo otro), que son absolutamente inalcanzables. Pero principalmente se debe a que me preocupo menos por mí mismo”.
U otras de la misma actualidad, como las siguientes: “los estados de ánimo no se pueden cambiar con argumentos”, “la mera ausencia de esfuerzo le quita a la vida un ingrediente imprescindible de la felicidad”, “cuando la gente habla de lucha por la vida, en realidad quiere decir lucha por el éxito”,  “lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad”, “la visión de la vida como contienda en la que solo el vencedor merece respeto conduce a un cultivo exagerado de la voluntad a expensas de los sentidos  y el intelecto”, “ahora nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo a aburrirnos”,  “no hay por qué temer que, por volverse racional, uno vaya a quitarle sabor a la vida”, “la inmensa mayoría de las acciones humanas, incluyendo las de las personas más nobles, tienen motivos egoístas y no hay que lamentarse de ello”, “hay que convencerse de que los demás pierden mucho menos tiempo  pensando en nosotros que el que perdemos nosotros”, “la adolescencia es una época de gran infelicidad para casi todos los chicos y chicas con talentos excepcionales”, “uno debe respetar la opinión pública lo justo”, …
Y otras muchas más en esta línea, bien desarrolladas, con buenos ejemplos e interesantes citas literarias. Además, tardas poco en leerlo. Después de este, seguro que ya no picas leyendo perogrulladas en cualquier libro de autoayuda. 
Miguel Martínez Renobales

"El arte de amargarse la vida", de Paul Watzlawick


                Aunque este título tenga casi cincuenta años, viene bien en estos tiempos de crisis para no perder la calma ni el sentido del humor.  Se trata de un pequeño libro de autoayuda, solo que al revés, es decir, que en vez de censurar errores y aconsejar cambios de comportamiento para salir del bache, lo que propone es lo contrario, que nos empecinemos en la actitud equivocada para que acabemos estropeándolo todo de una vez.  Con total ironía, se mueve solamente en el terreno personal y se dirige a los ya iniciados en la vida amargada, para que pasen de meros aficionados a auténticos profesionales. Como él dice, “cualquiera puede llevar una vida amargada, pero amargársela a propósito es un arte que se aprende, no basta con tener algún par de contratiempos  en tu vida personal”, ¡qué va!, hace falta ejercitarse a fondo para conseguirlo.
                Después de decenas de años de experiencia clínica en EEUU, analizando los mecanismos más eficaces de sus pacientes para amargarse la vida, decidió ofrecer al lector una buena guía para poder desarrollar con estilo una vida de auténtico amargado. El resultado fue este delicioso manualito, imprescindible para aprender a reírse uno de sí mismo.  Es lo que tiene la ironía, que no te dice por dónde debes ir sino por dónde no debes continuar, que es como de verdad se aprende a caminar.
                Hay citas literarias de no poco valor (pues también en esto el autor sabe de qué habla), pero sobre todo análisis de fundamentos como el de que “no hay más que una sola opinión correcta: la propia. Una vez se ha llegado a esta convicción, se tiene que comprobar muy pronto que el mundo va de mal en peor”. De ahí deriva necesariamente a que “el aspirante más dotado no tendrá seguramente mayor dificultad en ver su juventud como una edad de oro perdida para siempre”. También ideas inamovibles como “uno carga hoy con la culpa y debiera haberlo sabido mejor entonces, así que ahora ya es demasiado tarde”, o “no hay más que una sola, posible, permitida, razonable y lógica solución del problema y, si los esfuerzos no consiguen el éxito, ello solo indica que uno no se ha esforzado bastante”,… En fin, una joya para crear problemas donde no los hay o para evitarlos con el fin de que perduren. Lo que decíamos al principio: lo mejor para tiempos de crisis.
Miguel Martínez Renobales

sábado, 14 de julio de 2012

"El viento de la luna", de Antonio Muñoz Molina


Atentos ahora a este autor. Atención a cualquier novela de Antonio Muñoz Molina, porque las suyas se encuentran entre las mejores de la actualidad. Esta fue publicada en el 2006 y habla de un adolescente español de 1969, que asiste fascinado a la llegada del hombre a la Luna. No hay aquí más fantasía que la que pueda concebir la imaginación calenturienta de un muchacho de un pueblo de Jaén, que desea ardientemente escapar del entorno inmovilista en que vive. En aquella época, el progreso comenzaba a llamar a las puertas de muchos españoles y él teme que, por diferentes motivos, pase de largo por delante de su casa, donde, por ejemplo, la televisión entra antes que el agua corriente. Debido a su timidez, sufre por partida doble: en el colegio de curas por ser hijo de un hortelano y, en su casa, por carecer de la soltura necesaria para cultivar la huerta, pero su sensibilidad encuentra un buen refugio en las películas del cine al aire libre, en los libros de la biblioteca del pueblo y en las noticias del viaje del Apolo XI, que colecciona y atesora. El narrador es el propio protagonista y resulta entretenido por la agilidad y al sentido del humor con el que, en ocasiones, va y viene de sus elucubraciones a lo que le rodea. Las transiciones entre lo que lee, lo que ve, sus impresiones y los diálogos de los personajes le proporcionan al lector de hoy toda la frescura que necesita para hacerse una buena idea de cómo debieron de ser aquellas pérdidas de la inocencia. Y, del mismo modo ahora que entonces, las sobrellevas mejor si mantienes los ojos bien abiertos. Que lo disfrutes.
Miguel Martínez Renobales

martes, 12 de junio de 2012

“A TODA MÁQUINA” y “ARTE IMACHINADO”, de Manuel Fernández Saro

Durante la última quincena de mayo, el profesor de Plástica Manuel Fernández Saro  desarrolló el ciclo “¡A toda máquina!” en el largo pasillo que une los dos edificios del instituto y donde se encuentra el Rincón. Para anunciar las actividades culturales relacionadas con las máquinas, instaló en la escalera del edificio principal una “Máquina para volar-soñar de un@ am@ de casa”, realizada con una tabla de planchar, un tendal, bolsas de basura, un escurridor de fregona y otros materiales reciclados.  




En esta actividad global con proyecciones, el pasillo quedó convertido en un espacio de reflexión para disfrutar de imágenes, diálogos y música con una programación en la que abundaron las películas de ciencia ficción, de robots… (George Lucas, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Buster Keaton, Charles Chaplin, Jacques Tati,…). También, para contrastar con tanta tecnología, se proyectaron documentales sobre animales, plantas y seres humanos, de modo que, a lo largo de todo este tiempo, la literatura de nuestro rincón quedó totalmente empapada por imágenes y música.
   Un poco más allá, en la Sala de Estudios de la Biblioteca, instaló la exposición “Arte imachinado” con documentos gráficos de estudio y análisis, junto con trabajos realizados por los alumnos de Educación Secundaria dentro de su asignatura. Todo ello para investigar sobre el uso de la fotografía y el vídeo como medios de expresión artística; conocer el trabajo de algunos artistas contemporáneos que utilizan las máquinas como tema principal o como herramientas para la realización de sus propuestas artísticas; reconocer la importancia de algunas de las principales tendencias artísticas, surgidas en el siglo XX, relacionadas con el movimiento (arte cinético, arte óptico…), con el desarrollo de la industria (Futurismo, Constructivismo…), con los medios de comunicación (Arte Pop…), así como otros proyectos realizados en este comienzo de milenio que mantienen la máquina o las investigaciones tecnológicas como principales “motores” de sus planteamientos; también para acercarse a manifestaciones artísticas que rompen con las disciplinas tradicionales (pintura, escultura…) y constituyen las denominadas Instalaciones, intervenciones “in situ”, happenings, performances…; realizar proyectos artísticos relacionados con los temas tratados utilizando materiales y procedimientos poco convencionales o reinterpretando obras de artistas estudiados; fomentar la creatividad y el trabajo en equipo con el reciclaje; sensibilizarse sobre la importancia del uso responsable de las máquinas en nuestra sociedad actual, así como para valorar las energías renovables y el respeto a la Biodiversidad.
   Publicamos algunas imágenes de todo ello, junto con algunas colaboraciones “pinchadas” en el Rincón.
Miguel Martínez Renobales




miércoles, 23 de mayo de 2012

"Una temporada para silbar", de Ivan Doig

En un pueblo semidesierto de Montana (EEUU), a principios del siglo XX, un granjero viudo con tres hijos varones (el mayor, de 13 años) decide contratar a una mujer que haga la limpieza de la casa, con la secreta esperanza de que acabe encargándose también de la comida. Un arranque tan prosaico, contado por el primogénito desde la edad adulta, no parece dar mucho juego, pero la personalidad de Rose Llewellyn (que así se llama la protagonista) y, sobre todo, la de su hermano Morris, que viene con ella desde Minneapolis, van a aportar otro aire a las relaciones en un pueblo tan árido y desabrido. La novela, que ha sido escrita recientemente, tiene todo el sabor de las típicas del Oeste o también, el de esas de ambiente rural, donde unos chavales maduran con rapidez, asumiendo las rarezas de los adultos. Su autor se ha propuesto rendir un homenaje a las escuelas unitarias de su país, pero ni el mismo Daniel el Mochuelo de Delibes desentonaría con Paul, Damon o Toby. Son otras tierras, otra mentalidad y otro tiempo, pero el afán por crecer y el temor a la decepción, propios de la adolescencia, son los mismos. Y, aunque en algún momento sospeches que la lectura se va a deslizar por la blandenguería Disney Channel de estos libros, nada más lejos de la intención del autor. Aquí las concesiones a la ternura serán las justas y los acontecimientos, por más luminosos que resulten para el narrador, no se apartarán un ápice de la cruda realidad, como debe ser en una buena historia. Compruébalo tú mismo.
Miguel Martínez Renobales

martes, 22 de mayo de 2012

Aparecieron los caligramas

Los caligramas prometidos por la profesora Esther García Jiménez están expuestos en la Sala de Estudios, donde ha desplegado Manuel Saro su instalación sobre las Máquinas y las Energías sostenibles. También, durante quince días, Manuel está proyectando películas sobre el tema en el pasillo de nuestro Rincón de las Palabras de la Máquina, que, como estaba previsto, bucean entre imágenes. Pero hoy es día de huelga contra el descrédito con el que están inundando la educación,... de modo que mejor aplazamos más explicaciones...
Miguel Martínez Renobales

jueves, 3 de mayo de 2012

"Al Sur de Granada", de Gerald Brenan

            Este libro no es una novela ni una monografía, ni nada parecido a lo que hemos reseñado hasta ahora. Se trata de un clásico dentro de los denominados “libros de viajes” y es uno de los pioneros de la etnografía por el lugar que ocupó dentro de la Antropología. 
     En 1919, Gerald Brenan, un inglés de poco más de veinte años, hizo un viaje a España buscando un ambiente nuevo, lejos del encorsetamiento y la rutina británicos, y se topó con Yegen, un pueblo perdido de la Alpujarra granadina, que le cautivó hasta el extremo de tomarlo como lugar de residencia permanente diez años después. Desde hacía un siglo, Andalucía había estado de moda en su país como tierra exótica y no era raro que los viajeros ocasionales buscaran en ella la quintaesencia de lo romántico y lo español, pero él, que había padecido los horrores de la Primera Guerra Mundial, no venía buscando exotismos sino el lugar ideal para emprender su realización personal con poco dinero y bastantes libros.
     Para conocernos mejor a nosotros mismos, para saber lo que éramos y cómo nos veían los de fuera, más allá de tópicos y prejuicios, Al Sur de Granada supone una lectura fundamental. Aunque comprende los primeros años desde 1919 a 1924, él no se decidió a escribirlo hasta veintitantos años más tarde, cuando contaba con la madurez suficiente como para hablar con autoridad moral sobre España. Pero también es un relato autobiográfico que incluye todo tipo de experiencias, incluso una medio inventada como novio de una española.
     Brenan, aunque participaba del punto de vista apasionado de los viajeros ingleses anteriores, nos proporciona en esta lectura una visión de los españoles mucho más sincera por lo espontánea, independiente, libre e incluso divertida. Él permaneció, como hizo en muchas cosas, desligado, irónico y a menudo crítico: el orgullo español, nuestra impaciencia, el optimismo fácil, la imposibilidad para cooperar, la corrupción de los gobiernos locales, su burocracia, su ineficacia, etc... todo  lo observó y apuntó con mucha consideración en un libro singular, de muy agradable lectura y de indudable profundidad humana. Aprende a observar con él. Se lo agradecerás.
Antonio José López López (Departamento de Inglés)

viernes, 27 de abril de 2012

[1º Premio Primer Ciclo E.S.O.] Relato "Crónicas de un loco", de Gabriela Berrón García (2ºA)

(relato ganador del XIII Concurso de Relatos Día del Libro 2012)

25 de marzo:
     Esos ojos sin expresividad alguna no dejan de mirarme. No lo aguanto más. La música le da un toque siniestro a la escena. De pronto, mi amigo León se gira. Él es mi mejor amigo. Sabe todos mis secretos. León se acerca a mí, arrastrando su cola de algodón por el suelo. Después le toca el turno a Jirafa. Ella también se acerca. Son mis dos únicos amigos. La música ha cesado pero yo la sigo escuchando en mi cabeza. Una y otra vez, sin parar. Por suerte para mí, León y Jirafa están aquí, conmigo. ¡Qué afortunado soy de tenerlos! Los compró mi madre hará unos diez años. ¡Vaya! Cuánto tiempo. Perdón, a veces divago. Como iba diciendo, mi madre los compró en una juguetería antigua, si mal no recuerdo. Me giro. No hay nadie a mi lado. Se han ido.
     Estar en mi habitación no es mi único pasatiempo. También escribo. A mis otros amigos. Bueno, conocidos. Siempre le escribo a mi querido conocido, Horizonte. Esta es mi vida. Bienvenidos a mi diario.

8 de abril:
     Querido Horizonte:La oscuridad de la noche inunda mi habitación. Al mirar por la ventana no puedo verte. Solo consigo distinguir una farola que resiste encendida mientras todas sus hermanas ya se han dormido. Las farolas son estúpidos objetos. No se mueven, no sienten, no hablan. Simplemente están ahí.
A lo que íbamos. Te escribo esto para relatarte lo siguiente:
     Hace apenas unos días, Lucía, de la que estoy perdidamente enamorado y de la que guardo la esperanza de que algún día será mi esposa, me vino a visitar. Nada más entrar a mi habitación entabló conmigo una conversación que, si no hubiese sido con ella, habría resultado realmente absurda. Pero claro, Lucía es Lucía.
     - Hola Álvaro, ¿qué tal estás hoy?- dijo ella.
     - Hola Lucía –respondí- ¿Quieres ir a dar una vuelta en mi nuevo avión? León puede pilotar.
     - Me dijeron que habías mejorado, pero veo que no- añadió la chica.
     En ese punto, me desentendí de lo que me decía. Solamente la miraba. Creo que me hablaba sobre algo de problemas psicológicos. La verdad es que no sabía bien a lo que se refería pero no me importaba.
Ella venía cada día. Me hablaba, me aconsejaba y me hacía contarle mis cosas. Lo más curioso era que siempre vestía con una bata blanca ¿Acaso era la moda?
     Lucía se marchó dejándome solo. Otra vez. Me quedé en silencio. Ni un suspiro, ni una tos, ni si quiera mi propia respiración. Unas voces provenían del otro lado de la puerta.
     - Este muchacho no mejora- dijo una de las enfermeras.
     - Lo sé- respondió Lucía- El otro día, en la hora de “recreo”, los vieron a él y al de la habitación 246 con un viejo aparato de escribir. Decían algo sobre relatar su vida a los habitantes del futuro.
     - ¿Y los cuidadores?- continuó la enfermera- ¿Sabían a dónde iban con aquella máquina?
     - No lo creo. Ningún interno antes había estado tan trastornado como él.
     ¿Trastornado? ¿Yo, un trastornado? Imposible. ¿Y tú Horizonte? ¿Tú lo crees?

PD: Las farolas son estúpidos objetos. No se mueven, no siente no hablan. Simplemente están ahí. Recuérdalo.


[1º Premio Segundo Ciclo E.S.O.] Relato "Un árbol", de Lucía González Merino (4ºA)

 (relato ganador en el XIII Concurso de Relatos Día del Libro)

    En mi memoria está guardada la primera imagen que observé cuando abrí mis ojos por primera vez. Al otro lado de la ventana se alzaba un árbol enorme, unos metros por delante de los rascacielos. En una de sus anchas ramas estaba sentado un niño rubio que balanceaba sus piernas en el aire.
     A mi lado, en el interior de la vivienda, había un hombre de edad avanzada. Era calvo, con una barba grisácea bastante poblada. Me observaba expectante tras unas pequeñas gafas que sujetaba en la punta de la nariz; seguramente estaría esperando mi reacción. Tardé unos segundos en hablar. Todavía procesaba lentamente la información porque aún estaba adaptándome y analizando los datos que recogían mis sensores por vez primera.
     -Buenos días, señor.
     El hombre dio un brinco y soltó una carcajada.
     -¡Funciona! He creado un robot. ¡El mejor robot que hay! No una de esas estúpidas máquinas que fabrican en cadena.
     Mi creador volvió a reírse. Mi base de datos estaba trabajando a toda velocidad, almacenando toda la información posible. Comprendí que esa risa era de felicidad. Y que ese hombre opinaba que yo era más avanzado e inteligente que los otros robots; lo que quería decir que él sería, seguramente, más inteligente que los demás fabricantes de autómatas, ya que mi inteligencia es completamente artificial.
     El hombre estuvo un buen rato probando órdenes conmigo, como que le llevara un vaso de agua o barriera el suelo. Más tarde me dijo que le diera su abrigo y sus llaves.
     Cuando estuvo preparado para salir, abrió la ventana y alzó la vista hacia el niño, que seguía subido al árbol, ahora con un ordenador en las manos.
     -¡Me voy al trabajo! Este robot cuidará de ti.
     El niño se giró y le dirigió una sonrisa. Debía de tener unos 10 años.
     -Vigílale. Que no le pase nada -ahora me hablaba a mí-. Cuida bien de mi nieto.
     Y se marchó. Yo me situé junto a la ventana y vigilé. El niño estuvo en la rama del árbol toda la tardé, leyendo en el ordenador. De vez en cuando se volvía hacia mí sonriendo y me preguntaba palabras que no entendía. Otras me leía en alto o hacía observaciones sobre el árbol.
     -En esa rama de ahí hay pajaritos. Todas las mañanas pían. Mi abuelo me da pan para que se lo de a ellos. Así están contentos y no se marchan.
     -En primavera salen flores rosas. Yo hago ramos y adorno la casa. A mi abuelo y a mí nos gustan mucho, pero a casi todos los demás no.
     -Como ninguno de mis amigos tiene un árbol en casa yo les enseño el mio. Dicen que es raro.
     -A mis amigos les gusta venir a casa de mi abuelo porque tiene patio y es muy grande. Pero no se atreven a subirse al árbol porque les da miedo caerse.
     Yo retenía toda la información que me llegaba a través de sus palabras.
     Cuando su abuelo volvió del trabajo yo aún seguía frente a la ventana, mirando hacia el árbol y el niño.

     La vida en aquella casa solía transcurrir de esta manera: por la mañana mi creador se iba a trabajar y su nieto a la escuela. Luego volvían los dos a la casa. Por la tarde el hombre volvía al trabajo y el niño se quedaba en la casa. Normalmente subido al árbol, haciendo los deberes del colegio o leyendo, a veces incluso libros de papel. Y cuando pasaba por su lado me contaba cosas:
     -Ayer fuimos toda la clase a un museo donde había animales y árboles. Pero mi árbol es más grande.
     -Mamá me llamó y dijo que le iban a dar unas vacaciones y vendrá a visitarme. Le he guardado un ramo de flores, pero no se las puede llevar a donde trabaja.
     -Hay un hormiguero en el árbol. El abuelo se ha puesto muy contento, porque dice que hacia mucho tiempo que no veía insectos.

     Por la tarde, cuando yo vigilaba al niño, el otro robot que había en la casa se encargaba de las tareas que faltaban. Era una máquina muy diferente a mí, una comprada. Tenía una apariencia menos humana que yo y no aprendía cosas nuevas. Ni el niño ni su abuelo le hacían mucho caso.
     Yo no tengo sentimientos pero los percibo y los comprendo; y sé que, aunque tenían problemas con otras personas por sus gustos (entre ellos tener un árbol), sus vidas eran alegres. Los dos eran muy felices y se querían.

     Pero hubo un momento en que cambiaron las cosas. Los problemas con las personas se agravaron. Decían que el árbol debilitaba en suelo, que se podía derrumbar, que era peligroso para el niño, que causaba enfermedades e infecciones... Y vinieron a tirarlo. Unos robots llegaron con una enorme máquina. Eran similares al que tenía mi amo en casa. ¿Sabían a donde iban con aquella máquina? “Saber” quizá no sea el verbo adecuado. Ellos solo irían y cortarían el árbol. Solo realizarían una orden que alguien les había introducido en sus circuitos. Porque, en definitiva, eso es lo que hacemos los robots. Somos únicamente máquinas que reproducen las órdenes que los humanos nos han dado. Pero los humanos son los responsables.
     Por eso lo que yo hice no tendría valor si no fuera porque detrás de mi acción había una persona. Cuando el niño subió al árbol y se quedó mirando asustado como los robots se acercaban con una sierra enorme, en mi interior se activó una orden.
     “ Vigílale. Que no le pase nada. Cuida bien de mi nieto”
     Y me coloqué delante del árbol. Y ahí me quedé.
     Los otros robots se quedaron bloqueados sin saber que hacer, pero pronto vendría alguien y lo solucionaría. Pero yo no dejaré que talen el árbol.
     Porque para que sucedan cosas buenas solo hay que dar las órdenes adecuadas.

martes, 24 de abril de 2012

Dos robots de 4º E.S.O.












La entrega de Premios del XIII Concurso de Relatos finalizó con la demostración del funcionamiento de dos robots construidos por los alumnos de 4º de la E.S.O., a cargo de la profesora del Departamento de Tecnología, Clara Cagigal. Uno de ellos responde a las órdenes de "parada y retroceso" y el otro a la de "seguir el trazado de una línea". Permanecerán expuestos en el pasillo durante unos días.

Entrega de Premios en el Día del Libro 2012

            El pasado lunes 23 de abril, aprovechando que era el Día del Libro, entregamos durante el recreo los Premios del XIII Certamen de Relatos en el Rincón de las palabras de la Máquina. Los primeros los obtuvieron las alumnas Gabriela Berrón García, de 2º A, con “Crónicas de un loco” (en el nivel de Primer Ciclo),  y Lucía González Merino, de 4º A, con “Un árbol" (para el Segundo Ciclo). En las fotografías, aparecen en este orden, recibiendo los premios de Julián Cotera (Director del IES) y María Ángeles Ascáriz (Presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos). Los miembros del Jurado fueron Mª Ángeles Ascariz López (de la AMPA), Rosa García Martín (de la Secretaría del IES), Francisco Javier Moral Arévalo (del Departamento de Cultura Clásica) y Eva María Paneque Rodríguez (del Departamento de Francés). Como todos los años, el relato que tuvieron que componer era de tema libre, pero en esta ocasión, la frase obligada era: “¿sabían adónde iban con aquella máquina?”. Los textos de las ganadoras aparecerán en este Diario del Rincón (junto con más
fotografías) en cuanto los recibamos por correo en el blog. Atentos, que hay más




lunes, 23 de abril de 2012

"Julio César. El coloso de Roma", de R. BILLOWS


Richard Billows en su reciente biografía sobre Julio César ha aportado una nueva y acertada visión sobre el gran artífice del Imperio. Son numerosas las que hay de este político republicano (cónsul en el 59 a. C.), militar y escritor, cuya fama ha trascendido el tiempo. Representa  una figura histórica gigantesca, pero no por ello menos humana (no hay nada peor que congelar al personaje y elevarlo al podio de la inmortalidad).
Cayo Julio César, pariente de Mario y casado, al principio, con Cornelia, una hija de Cinna, tuvo el suficiente carácter como para oponerse a Sila, el magistrado que había impuesto una dictadura, ejemplo de exclusión y de falta de grandeza por haber prescindido de una parte de la ciudadanía e intentado borrarla como si no hubiera existido. Nuestro protagonista, además de un soberbio militar y estratega, fue un gran político. Su trayectoria, que condujo al poder personal, queda perfectamente conjugada con la realización del “programa” político de los populares. Su visión de futuro y su sensibilidad hacia la plebe urbana y rústica (había correteado de niño en el populoso barrio de la Suburra, en Roma) hizo de él, a todas luces, el contrapunto de Sila. Al final, tras acabar con la guerra civil en suelo hispano (en Munda, 45 a. C.), ejerció una dictadura perpetua pero sin perder de vista, en ningún momento, su tarea reformista. Fue el político que supo ver, durante la crisis de la República tardía, que no había otra salida que la del poder personal y que ese poder no era un simple capricho sino el resultado de todo un proceso histórico. Un exceso de confianza le costaría la vida, pero entonces (si no antes) nació el mito. Los “tiranicidas”, sus asesinos, republicanos a ultranza, perdieron la última batalla, la de la propaganda, porque el político por excelencia que era César se había impuesto a todos los demás, a los que venció en el campo de batalla y a los que acabaron con su vida.
Esta biografía de R. Billows, a diferencia de la de A. Goldsworthy, que se fijaba en el personaje  militar, o la de J. Carcopino, en  el estadista que se marcó como objetivo la “conquista del poder”, hace hincapié en su figura como líder popular que encabeza un amplio sector del “populus” como respuesta al tenaz obstruccionismo optimate. Enlaza bien con la de hace algunos años del italiano L. Canfora, que lleva el subtítulo de “el dictador democrático”. Se trata de una contradicción sólo aparente. Hasta ese punto resulta “poliédrica” la figura de César. Son tantas sus facetas que no puede hablarse de una “biografía definitiva” (aunque este último fuera el lema comercial a la hora de poner en venta la de A. Goldsworthy de hace algunos años…).
Eduardo Pitillas Salañer (Departamento de Geografía e Historia)